FREDERIC DURÁN JORDÀ

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Frederic Durán Jordà
Frederic Durán Jordà

Nació este personaje en Barcelona en abril de 1905, en el seno de una familia de clase media que procedía de Martorell. Su padre había previsto para el pequeño Frederic, en principio, una educación elemental, pero cuando sus profesores vieron la capacidad del niño, convencieron al padre para que aquel prosiguiera los estudios hasta incluso la universidad. Fue un acierto total: el joven Frederic era licenciado en Medicina a los 23 años. Sin embargo, la verdadera vocación del nuevo médico era la Química, lo que le llevó a especializarse en análisis clínicos. Empezó siendo interno en la Cátedra de Patología Quirúrgica en el Hospital Clínico, y llegó a ser, nada menos, que facultativo de análisis clínico del Ayuntamiento de Barcelona y director del laboratorio de análisis del Instituto Frenopático de las Corts, cargo que ocupó hasta terminar la Guerra Civil.

Pero antes de abordar la obra de este extraordinario profesional, es preciso estudiar los antecedentes y el contexto histórico en el que se desarrollaron los acontecimientos.

La verdadera terapéutica transfusible, la auténticamente científica, comenzó en los inicios del siglo XX con el descubrimiento de los grupos sanguíneos por Karl Landsteiner. Y como es lógico, las primeras pruebas se realizaban de manera directa, de donante a receptor.

Es al principio de los años 20 de este mismo siglo cuando se creó en Londres el posteriormente llamado Servicio de Transfusión de Sangre de Cruz Roja, que consistía en un grupo de personas a las que se les había identificado su grupo sanguíneo e igualmente se les había realizado un reconocimiento médico con el fin de descartar la existencia de enfermedades que pudiesen hacer inutilizables sus sangres, como la sífilis. Estas personas serían convocadas en los hospitales cuando fuese necesaria su contribución (recuerden, de manera directa, brazo a brazo). 

También es cierto que, desde 1914, se había creado un método para anticoagular la sangre y conservarla para posteriores transfusiones (Albert Hustin, investigador belga). Este método utilizaba una sustancia llamada ‘citrato’, cuya primera transfusión se realizó en Buenos aires finalizando este año (médico Luis Agote). Pero, y a pesar de ser bien conocida esta técnica, su uso no se generalizó durante la Primera Guerra Mundial, y tan solo se llevaron a cabo unas centenas de transfusiones, siempre de manera directa o cuasi directa. 

La Medicina avanzaba. En la década de 1930 se realizaron en Rusia los primeros intentos de conservación de la sangre para transfusión. El médico Serge Yudin comenzó a utilizar sangre de cadáver para transfundir, tratada con citrato y conservada en frío; hacia 1938 había inyectado esta sangre a unas 2500 personas, con excelentes resultados.

Y un año antes, en 1937, el doctor Bernard Fantus había creado en Chicago un servicio de recogida de sangre de vivos, en frascos de vidrio, y conservados en frío con citrato. A este servicio el médico lo llamó Laboratorio de Conservación de Sangre, pero como su funcionamiento consistía en depósito y extracción, pronto se le adjudicó un nombre mucho más popular, que ha llegado hasta nuestros días: Banco de Sangre.

Pero cinco meses antes de esto, ya se había creado en Barcelona el primer servicio de recolección de sangre, conservación y transporte para ser usada a distancia, y aquel, efectivamente, fue obra de Frederic Durán-Jordà.           

Al estallar la Guerra Civil, Durán se incorpora a un hospital en la colina de Montjuic, donde comprueba la triste realidad de que un donante no podía suministrar suficiente cantidad de sangre de modo directo al receptor, por lo que decide abandonar el hospital y organizar un servicio de recogida sistemática para hacer llegar la sangre directamente a los frentes de guerra abiertos. Fue al Frente de Aragón donde se enviaron las primeras remesas, permitiendo así una mayor efectividad. Sin entrar a explicar el método del doctor, muy complicado y lleno de terminología médica, diré solo que centralizó el servicio de recogida de sangre; que acondicionó camiones de reparto de pescado para transportar la sangre a largas distancias sin riesgo de estropearse. Gracias a él, y durante los 30 meses que funcionó, logró obtener casi 30.000 donantes que proporcionaron sangre para realizar alrededor de 9000 transfusiones. 

Resumiré las conclusiones del extraordinario trabajo del doctor Durán:

–El tratamiento de la sangre, llevándola de hospital a hospital, no era el adecuado; es mejor centralizar las extracciones y distribuir las dosis desde los puntos de donación. Hoy se sigue apostando por este servicio.

–Se dio cuenta en seguida que la extracción de sangre debía ser inter vivos, desechando la obtenida de cadáveres. 

–Había que promocionar la donación de sangre, mediante campañas de llamamiento masivas por radio, prensa, etc.

–Estableció un tiempo mínimo entre extracciones de tres semanas. Esto era insuficiente, hoy se hace dejando pasar un mínimo de 60 días. Pero Durán ya se percató de que el cuerpo necesitaba un tiempo para recuperar la sangre donada.

–La filtración de sangre debía hacerse en sistemas cerrados al vacío para evitar contaminaciones.

–A pesar de que se ignoraba la existencia del factor Rh, Durán ya tuvo la genial idea de mezclar la sangre de seis donantes del mismo grupo para minimizar al máximo los riesgos. Hoy día, al tenerse en cuenta tanto el grupo como el factor, los riesgos son inexistentes.

–La conservación del fluido vital se había de hacer en frío, entre 2 y 4 grados.

–Durán acabó con la transfusión brazo a brazo y fomentó la actual autoinyectable.

–Perfeccionó el recipiente de cristal empleado para la conservación.

 –Y como ya he comentado, con él se habilitó la primera unidad móvil del mundo para el transporte de sangre: un camión refrigerado para reparto de pescado.

Con las aportaciones de este médico a la hemoterapia, realizadas además en unos momentos graves y difíciles como la guerra, se han podido salvar millones de vidas. Por ello, creo que merece sobradamente un lugar en la presente sección. Frederic Durán-Jordá, muchas gracias.

Frederic Durán Jordà por: Jesús Fernández Escrich

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