“Idea Directriz y Modelo Organizador Biológico”
“En la evolución del embrión vemos aparecer un simple bosquejo del ser. Los contornos del cuerpo y los órganos están al principio débilmente determinados. Ningún tejido está diferenciado. Todo no es más que una conglomeración de células plasmáticas y embrionarias. Pero en esa masa está trazado “el dibujo ideal” de un organismo todavía invisible que ha designado a cada parte y elemento su lugar, su estructura y propiedades”.
Claude Bernard – Fisiólogo Francés – libro: Introducción a la Medicina
El eminente fisiólogo francés, ya a mediados del siglo XIX, asignaba la evolución del ser vivo a una ley organogénica que preexiste en una idea preconcebida transmitida por herencia de un ser a otro. Todo ello no hace más que confirmar que la energía potencial que se halla en la célula original (cigoto), y que proviene de los padres, se transforma en energía a medida que organiza la materia fetal y va desarrollando el ser.
Si revisamos la historia del pensamiento y la filosofía encontramos un paralelismo más que evidente con la hipótesis del «Elám Vital» del gran filósofo Henri Bergson. Esta sería una fuerza que junto a la «duración» en la percepción del tiempo como un contínuum que parte del pasado para integrar el presente facilitando el futuro es la «energía constante que impulsa la evolución de los seres orgánicos» diferenciándolos de la materia inerte.
«El presente sólo se forma del pasado, y lo que se encuentra en el efecto estaba ya en la causa.»
Henri Bergson, Filósofo y Nóbel de Literatura
Esta fuerza vital o energía diferencia al ser animado de la materia inorgánica. Lo que confirma que existe “algo más” en una planta más pequeña que en un mineral. Esta fuerza vital no puede por sí sola explicar “la forma de los seres” ni la diferenciación de los órganos porque son autónomos; para ello es necesario que intervenga el periespíritu, es decir, un elemento que posea las leyes organogénicas que mantenga la fijeza del organismo en medio de las constantes mutaciones de las moléculas materiales.
El periespíritu se convierte así en un organismo energético mediante el cual se modela la materia que se organiza para confeccionar el cuerpo físico. Esta fuerza actúa edificando el plan del recién nacido, pues en la formación de todo ser vivo la materia celular (protoplasma) es absolutamente la misma en todos los seres vivos. Entonces ¿dónde se originan las condiciones que diferencian los organismos? y dentro de ellos las características que los definen.
El periespíritu es el factor diferenciador, la acción directriz que tiene lugar en el embrión y que contiene en sí la ley que servirá de regla inflexible al nuevo organismo en su formación y desarrollo fetal. El notable fisiólogo mencionado arriba la denominaba idea directriz, y afirmaba:
“… lo que es dominio de la vida y no pertenece ni a la química, ni a la física, ni a ninguna otra cosa, es la idea directriz de esa acción vital… Mientras el ser existe permanece bajo la influencia de esa misma fuerza vital creadora, y cuando esa fuerza no se realiza, sobreviene la muerte…”
Siendo la materia y la fuerza vital igual para todos los seres vivos, es preciso que exista otra fuerza que origine y mantenga la forma. Esta función es la que ejerce el periespíritu, tanto en el reino vegetal como en el animal.
Esta “idea directriz” se plasma en la envoltura fluídica del alma que representa el periespíritu, pues es ella quien incorpora la materia, ejecuta la sustitución y reparación de las partes usadas y preside las funciones generales manteniendo el orden y la armonía en medio del conglomerado celular en constante y permanente renovación.
El eminente ingeniero Hernani Guimaraes Andrade utilizó el término “Modelo Organizador Biológico” (M.O.B.) para referirse a estas funciones principales del periespíritu en la argamasa celular que consisten en la organización, sustentación, individualización e instrumentalización. En capítulos posteriores desarrollaremos este tema con detalle, explicando no solo las funciones del periespíritu sino los campos energéticos que ya han sido confirmados y demostrados por la ciencia, evidenciando la existencia de este lazo de unión entre el cuerpo y la materia.
En su obra “Muerte, Renacimiento y Evolución”, Guimaraes Andrade se pregunta al respecto de los campos de fuerza biológica que organizan la materia de esta forma: ¿No serían tales campos producidos por un principio que se formó concomitantemente con la propia vida desde sus estados primigenios?… De ser así, este principio podría conducir al embrión a reproducir durante la ontogénesis las fases de su filogénesis, justificando así el fenómeno de recapitulación de todos los embriones. Este principio funcionaría como un Modelo Organizador Biológico. Y en ello podríamos identificarlo como lo que las doctrinas espiritualistas denominan espíritu”.
Las investigaciones realizadas en diferentes áreas de la biología y por distintos y eminentes genetistas, biólogos y embriólogos apuntan y sugieren no solo la existencia de este campo energético, idea directriz, envoltura fluídica del alma o modelo organizador biológico, como queramos llamarlo, sino que ofrece las respuestas a multitud de interrogantes al respecto del origen de la vida y la diferenciación de la materia orgánica e inorgánica y la construcción de las formas de vida por este principio energético al que nosotros denominamos como periespíritu.
Podremos entonces pasar de las explicaciones metafísicas a las evidencias científicas, confirmando así ambos postulados, el de la filosofía y el de la ciencia de vanguardia, para conciliar de manera clara y evidente la realidad de este importantísimo agente intermediario, envoltura fluídica del alma o cuerpo electromagnético, capaz de ejecutar las funciones que la voluntad de nuestra alma determina, así como la dirección de las mismas.
Una mayor compresión de la naturaleza del periespíritu que abordaremos en el capítulo siguiente, más las propiedades que lo caracterizan y las funciones que ejecuta, nos darán una visión integral de la importancia de este cuerpo intermediario que, compuesto de moléculas semimateriales y energía electromagnética, es sensible a los cambios y modificaciones que presenta el magnetismo o la propia transformación de la energía en sus distintas modalidades.
Estas modalidades energéticas vienen caracterizadas por una serie de fuerzas que son capaces de modificar la fisiología de este cuerpo conforme a la naturaleza de las mismas, y estamos hablando de la energía del pensamiento, de las emociones, de los automatismos biológicos y psicológicos, así como las potentes energías de la psique depositadas en el inconsciente.
En este sentido encontramos también un gran paralelismo con la obra del investigador psíquico, poeta, fundador de la Society for Phsychical Research de Londres y filólogo Frederic Myers, acerca del «Yo subliminal de la conciencia» como el repositorio de esa energía especial donde encontramos la explicación de la telepatía, la clarividencia, la mediumnidad, y otros muchos fenómenos paranormales. ¿Podemos identificar las funciones del periespíritu en cuanto a las facultades anímicas y mediúmnicas con esta parte de la conciencia que explica Myers?. Es más que probable. Myers creía firmemente en la posibilidad de la supervivencia humana tras la muerte física, buscando evidencias científicas para ello.
«Gran parte de nuestra mente opera por debajo del umbral de la conciencia, siendo esta la clave de la genialidad y los fenómenos psíquicos.»
Frederic Myers, Investigador y pionero en el estudio de la Parapsicología
La dirección que nuestra alma imprime a estas energías caracteriza la modificación de los centros de fuerza que sustentan el periespíritu, llamados chakras, a los que dedicaremos un capítulo completo. Baste saber por el momento que, al igual que la plasticidad cerebral descubierta por la neurología hace pocas décadas es capaz de modificar la estructura neuronal y las rutas del cerebro, así mismo nuestra mente y nuestra psique pueden con sus distintas fuerzas energéticas modificar la estructura del periespíritu, llevándolo a convertirse en un cuerpo brillante, potente, equilibrado, elevado y capaz de adoptar formas y estructuras sublimadas que le permiten conectar con las fuerzas superiores de la vida espiritual que vibran en esa sintonía.
Lamentablemente, cuando la dirección que damos a estas energías es perturbadora, obsesiva, dominada por el vicio, la adicción o la imperfección de los sentimientos y emociones tóxicas como el odio, el rencor o la envidia, el periespíritu se vuelve pesado, sucio, denso y deletéreo, transformando su estructura fisiológica en un cuerpo que vibra lentamente en los campos de energía con los que sintoniza, donde la pestilencia y la baja energía predominan y contaminan.
Fisiología y periespíritu por: Antonio Lledó
2026, Amor, Paz y Caridad
“Para los fisiólogos, el alma es la resultante de las funciones vitales del cerebro. La ignorancia en la que se hallan los hombres de ciencia respecto a la existencia y naturaleza del periespíritu es la diferencia entre los espiritualistas y los materialistas”.
Gabriel Delanne, libro: La Evolución Anímica






