Allan Kardec, en El Libro de los Médiums, nos lo explica con claridad. Nos dice: «La palabra ‘milagro’ significa cosa extraordinaria, cosa admirable de ver, aplicada a aquellas cosas que nos sorprenden». Se dice que solo Dios puede hacer milagros, y el espiritismo asegura esto: «No entra, de ninguna manera, examinar si Dios ha podido juzgar útil, en ciertas circunstancias, derogar las leyes establecidas por Él mismo… Sabemos que, en efecto, los fenómenos, por extraordinarios que sean, no derogan ninguna de estas leyes…».
Hoy hablamos acerca de lo que los creyentes de buena y profunda fe consideran «milagro» a un acto; que, en su ingenuidad, piensan que solamente eso, un milagro, lo ha hecho posible. De ahí derivan esa fe y veneración que depositan los seres atribulados en la Virgen de…, o de…, o en uno u otro santo.
Todo pueblo, ciudad o aldea, pequeño o grande, tiene su propia virgen o santo, considerados Patrona o Patrón del lugar, y a ellos acuden con sus cuitas, a ellos piden protección; de ellos solicitan «un milagro» para sus problemas, convencidos de su poder; y cuando, por «razones puramente racionales» esos problemas desaparecen, esa fe y veneración alcanzan cotas que a veces rozan el fanatismo, en algunos exaltados. Sin embargo, la fe y veneración a cualquier virgen o santo viene dada por tan solo un milagro; es el caso de Nuestra Señora de la Soledad.
Según la tradición oral, en Madrid había un oratorio construido en un corral propiedad de un convento de monjas de Santa Clara, en Alcalá de Henares, en donde tenían un criadero de palomas. Según se cuenta, una de las palomas, cuando la imagen de la Soledad era sacada en procesión, levantaba su vuelo y se posaba sobre uno de los hombros de la Señora, recorriendo con ella todo el barrio; esto fue considerado como «un hecho milagroso». Fue así que el pueblo de Madrid le otorgó el sobrenombre de Virgen de la Paloma. Esta historia quedó reflejada en un lienzo, que se perdió cuando, sin saberse bien por qué, el oratorio fue demolido, quedando de nuevo el corral. Pasados unos años, el lienzo fue encontrado por unos niños que jugaban en dicho corral.
Una vecina del barrio llamada Isabel Tintero (apodada la Tintera), compró el lienzo a los niños, y durante las horas del día lo sacaba al portal de su casa para ser venerada por sus vecinos, volviéndola a su casa por la noche para evitar un posible robo. Pronto, la devoción a esta imagen creció entre los madrileños, devoción causada por… ¡Un supuesto milagro!; un milagro acaecido en la persona del hijo de María Luisa de Parma, esposa del rey Carlos IV. La reina, llena de fervor, puso a su hijo, aquejado de una grave enfermedad, bajo su protección; el joven sanó… «milagrosamente». He aquí la razón por la cual, desde hace muchas décadas, las madres recién dadas a luz acuden a la iglesia a presentar a sus hijos a la venerada imagen, solicitando su protección. Durante mucho, mucho tiempo, ninguna madrileña, creyente o no, omitió ni omite esta tradición. Pero lo importante es el profundo fervor y fe en Nuestra Señora de la Soledad, la Virgen de la Paloma.
Cuando en nuestros actos cotidianos, en nuestras creencias y costumbres, intervienen los nobles sentimientos que derivan del espíritu, potenciando la fe y la esperanza, poco deben importarnos las formas; pongamos todo el acento en el fondo. Que pidamos a Madre María su amparo a nuestro favor, y que este se realice lo atribuyamos a un «milagro», no nos inquiete; espíritus de muy grande elevación realizan en nombre de Dios acciones que parecían irrealizables. En el Libro de los Espíritus, la pregunta número 525 es respondida con toda claridad:
Pregunta: ¿Ejercen los Espíritus alguna influencia en los acontecimientos de la vida? ¿Ejercen esta influencia de otro modo que por los pensamientos que sugieren, es decir, tienen una acción directa en la realización de las cosas?
Respuesta: Sí; pero nunca se apartan de las leyes de la naturaleza.
Hermanos espiritistas; tengamos siempre presente que Dios puede hacer milagros, y… de vez en cuando los hace… Y cuando veamos a hermanos invocando favores ante una imagen, pensemos que, sin ser conscientes de ello, están invocando al Espíritu que representan.
¿Existen realmente los milagros?, por: Mª Luisa Escrich
Guardamar, noviembre de 2023
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