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ESA PIEDRA

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Esa piedra

                    El distraído tropezó con ella.

                    El violento la utilizó como proyectil.

                    El emprendedor construyó con ella.

                    El campesino cansado en ella se sentó.

                    Para los niños fue un juguete.

                    David la usó para matar a Goliat y Miguel Ángel sacó

                    de ella la más bella escultura.

                    En todos los casos la diferencia no estuvo en la piedra,

                    sino en el hombre que la utilizó.

          Cuando leí este pensamiento anónimo, que podríamos denominar una hermosa alegoría con un contenido ampliamente ilustrativo, me hizo reflexionar acerca de nuestras acciones más cotidianas. Nuestra vida está marcada por una serie de elementos que constituyen nuestra existencia, como son: comer, beber, dormir, caminar, correr, nadar… Poseemos enormes cantidades de herramientas que usamos para diversos fines y que nos son de enorme utilidad; y hemos aprendido a hacerlo, aunque no siempre lo hacemos bien. Todos estos elementos son por sí mismos de una bondad manifiesta.

          Tanto comer como beber son imprescindibles para dicha supervivencia; sin embargo, deberíamos preguntarnos si comemos aquello que necesitamos, o bien aquello que apetecemos. Si es esto último, quizá podríamos sentirnos mal, y en la mayoría de los casos decimos: me ha hecho daño la comida. ¿Es culpable la comida? Indudablemente no (hablamos de la comida como alimento).

          Beber es necesario, y al igual que la comida, la bebida no es ni buena ni mala, somos nosotros quienes la hacemos de una u otra manera: perjudicial o saludable.

          Caminar o correr puede ser, y lo es, un excelente ejercicio para mantener en forma el cuerpo, pero hacerlo hasta la extenuación matará nuestro cuerpo, si no de inmediato, sí en el futuro.

          Nadar será una actividad sana y placentera siempre que al sumergirnos en las aguas no desafiemos su inmenso poder; hacerlo podría costarnos la vida. ¿Es por ello malo el mar? El mal está en desafiarlo.

          Y hemos hablado de las herramientas que a lo largo de nuestra existencia hemos ido incorporando a nuestro quehacer cotidiano. Herramientas concebidas para facilitarnos el trabajo en sus diferentes géneros… Sin embargo, ¿cuántas de esas herramientas no han sido ni son utilizadas para otros fines menos nobles? En alguna ocasión hemos hecho referencia al ejemplo más corriente: el del cuchillo. ¿Es malo el cuchillo, o es mala la mano según y para qué lo utilice? Hoy poseemos una herramienta a todas luces útil para nuestra vida cotidiana, que ha facilitado la comunicación entre todos los seres del planeta. Hablamos de los teléfonos móviles. Van con nosotros; podemos usarlos en cualquier lugar y momento; una herramienta tan útil que incluso nos resulta imprescindible… Pero ¿en qué la estamos convirtiendo? Por ella navegan falsas noticias, timos, estafas, acoso y pornografía… no es menester seguir. ¿Son malos los teléfonos móviles? Podríamos seguir hablando de todo esto, pero como dice el dicho: Como muestra, basta un botón.

           Ojalá que estos ejemplos nos sirvan como recuerdo de cómo no debemos hacer lo que no se debe hacer, y hacerlo como se debe, pues tal cual nos dice nuestro filósofo anónimo:

           No hay piedra en el camino que no puedas aprovechar para tu propio crecimiento.

       

Esa piedra por: Mª Luisa Escrich

Guardamar, 20 de octubre de 2024

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