Moral espirita

MORAL ESPÍRITA

NORMAS DE CONDUCTA PARA LA BUENA CONVIVENCIA

El espirita no es espirita por casualidad, y tiene un deber ineludible, un deber que debe poner a la práctica si desea vestirse con un ropaje de luz. Este deber consiste en inteligenciarse, y sobre todo debe aprender a amar, de lo contrario contraerá una gran deuda con las Leyes Divinas, porque no podrá alegar ignorancia.

La humildad engrandece el alma y eleva los buenos pensamientos al grado del amor puro y noble. El espirita debe cultivar su alma con la semilla del amor para que florezcan bellas flores de colores inimaginables que darán luminosidad y libertad a su alma para recorrer los espacios infinitos.

El espirita debe aprender a convivir con sus hermanos, y para ello debe ser tolerante y dispensar sus faltas, puesto que cada cual tiene sus propias ideas y obra según sabe, es cierto que la caridad obliga a esclarecer el error, pero se hará con humildad y con amor, pues la indulgencia atrae la calma y eleva, mientras que el rigor desanima, aleja e irrita. La autoridad de la censura está en razón de la autoridad moral, y ésta es legítima cuando se apoya en el ejemplo que ella da del bien.

El espirita nunca debe dejarse dominar por el amor propio, porque es un mal consejero e impulsa a la violencia. Cuando nos enojamos con las personas de nuestro entorno porque no obran como nosotros esperamos y muchas veces exigimos, olvidamos fácilmente que lo que nos molesta de quienes nos rodean no es sino el reflejo de nosotros mismos, y si desencadenan nuestra cólera o desvelan nuestros puntos débiles no podemos hacerles responsables de nuestro enfado. Si ante una postura exigente o impaciente mostramos un sentimiento de amor, de tolerancia, pacificaremos cualquier actitud negativa.

Hemos de concienciarnos de que la cólera expresa el deseo de dominar una situación en la que se nos escapa el control de los acontecimientos, es causa del ego, de la «personalidad» que está sujeta a los deseos materializados.

¡Espirita! El amor transforma la ira en sonrisa, el amor enriquece la vida y borra todo resquemor, el amor provoca el altruismo, la piedad y la dulzura, el amor es la fuerza más poderosa que existe, del amor nacen todas las virtudes.

No podremos jamás asimilar un conocimiento superior si no aprendemos a convivir respetándonos y siendo tolerantes ante las faltas de los demás. La ofuscación es muestra de ignorancia, de egoísmo y de orgullo. Siendo dóciles no tendremos motivo de ofuscación. El espirita debe ser condescendiente, tolerante, humilde para poder convivir con todos aquellos que están en su entorno, sin dejarse arrastrar por los convencionalismos. La verdadera unidad está en un respeto mutuo y benévolo.

Fijémonos bien que las pasiones no son el espíritu; el espíritu sonríe cuando sus pasiones son maltratadas, por ello es un deber mostrarse agradecido con aquellos que nos muestran la verdad, porque son ellos los que nos ayudan a descubrir flaquezas del alma. El espirita estudia y practica el Espiritismo, se estudia a sí mismo y potencia lo que quiere llegar a ser; a veces puede resultar un trabajo arduo, pero sin dificultad no hay progreso, pues no hemos venido a la Tierra para ser felices, sino para perfeccionarnos, aunque si comprendemos las verdades eternas y nos bañamos en ellas, ¿quién dice que no podemos vivir un tanto satisfechos y en paz? La vida es obediencia, es aceptación, es gratitud y es humildad. El espirita debe ser íntegro y consecuente con aquello que ha venido a hacer aquí en la Tierra. Cuando reine el amor y la caridad cada cual se sentirá como el servidor de otros y tendrá placer en serlo porque la indulgencia da la paz y la armonía entre todos.

Es un deber del espirita tolerar y valorar a su hermano, aun a pesar de las posibles diferencias que los separen. El espirita debe comprender que no hay mayor caridad que centrarse en uno mismo, aceptar sus propios errores y corregirlos. Si observamos nuestra reacciones con respecto a los demás podremos identificar los problemas con los que tropieza nuestra conciencia y entonces estaremos en condiciones de modificar nuestra conducta negativa.

El amor es inextinguible, se renueva sin cesar y beneficia tanto al que lo da como al que lo recibe. Amando es como Dios obra, porque; Dios es amor.

El Espiritismo es el Maestro, es el la guía a seguir; el Espiritismo nos da la razón de la vida, el porqué de, las vicisitudes, el porqué de todo sufrimiento por la Ley de Causa y Efecto. El Espiritismo pone a nuestro alcance todo el saber, todo el amor, que el ser necesita para impulsar su voluntad hacia su propio despertar, hacia la búsqueda de su yo interior, hacia la verdadera razón de su progreso. El Espiritismo nos da la esperanza, pues nos dice que somos inmortales y que nada cae en el vacío; fortifica la fe, pues esta se apoya en la razón, en los hechos comprobados por las manifestaciones espíritas. El Espiritismo nos habla de la Ley de Reencarnación y que siempre el alma tiene una nueva oportunidad en el camino de su evolución.

Así que, ¡gracias, Espiritismo, a ti te debemos la vida! Porque vivir es ser agradecido por todo aquello que nos hace ser mejores y más conscientes de nuestro deber, y el deber de todos es amarnos, respetarnos y estar unidos con una buena convivencia.

Maria Ruzafa

Extraído de la revista
EL Espiritismo.

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