LA IMPORTANCIA DE SABER DECIR NO

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La importancia de saber decir No

Dentro de la dinámica espiritual que debemos saber imprimir a nuestro diario comportamiento, pueden surgir ciertas dificultades de entendimiento con algunas personas que harán cuestionarnos si verdaderamente estamos actuando correctamente o nos dejamos llevar por hábitos de conducta erróneos.

Si nuestras intenciones son las de llegar, por todos los medios, a un trato afectuoso con cualquier persona que conozcamos, chocaremos con una realidad inamovible: que no siempre lo conseguiremos con facilidad.

Cada persona es un mundo, las diferencias de pensamiento y sentimiento se dan hasta en individuos de la misma familia, los cuales han sido educados bajo los mismos patrones y planteamientos. Ninguna persona es completamente igual a otra y por tanto es natural y perfectamente comprensible que ante un mismo hecho o circunstancia cada cual actúe según le indique su conciencia.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando esas divergencias las tomamos demasiado en serio y pueden desembocar en discusiones o posturas demasiado enfrentadas? En este caso cada una de las partes quiere llevar la razón y pretende imponerla a toda costa. Bien dice el refrán que dos personas no discuten si una no quiere, y así es pues es preferible que cuando los ánimos están demasiado excitados procuremos no echar más leña al fuego, e intentemos en otra ocasión aclarar qué ha ocurrido y la forma de evitarlo en lo sucesivo.

Evitar discusiones no quiere decir que siempre hemos de dar la razón a los demás y hacer lo que ellos nos piden o invitan a realizar. Más bien significa que debemos saber colocarnos en nuestro sitio sin entrar en polémicas o enfrentamientos.

Además hemos de valorar cómo vamos a ayudar mejor a aquellas personas que nos piden un favor o desean algo de nosotros, porque si sus intenciones creemos que no son buenas y observamos que intentan abusar de nuestra buena predisposición, debemos saber cómo decir “no” y no dejar que se aprovechen de nosotros.

De otro modo, las personas de buena voluntad estarían a merced de todas aquellas que por su inconsciencia, egoísmo personal o malas intenciones, no escatiman esfuerzos en solicitar nuestra ayuda para su beneficio personal y exclusivo. Es lamentable pero cierto, el mundo está lleno de estos vividores que no tienen escrúpulos para engañarnos cuanto pueden y más. Los hay que sin una intención malsana por su parte únicamente pretenden su propio beneficio sin un manifiesto deseo de engaño. Por todo ello, es necesario que sepamos hasta dónde podemos ayudarles y cuánto les estamos perjudicando por permitirles que se aprovechen de nosotros.

Estas situaciones, aunque en apariencia son fáciles de identificar y poner un pronto fin, en ocasiones no siempre podemos hacerlo con rigidez, hay que intentar no herir susceptibilidades ni enfrentarnos con dureza o falta de sentimiento. Cada cual debe valorar cómo solucionar su caso buscando tanto el bien propio como el ajeno.

Saber delimitar cuál es nuestro terreno y decir “no” es relativamente sencillo, pero hacerlo con corazón, educación y sin perder para nada el respeto o la consideración es todo un arte, más difícil de lo que imaginamos, porque normalmente cuando caemos en la cuenta de que están intentando aprovecharse de nuestra buena fe, solemos perder el control y decir alguna palabra inadecuada o actuar a la ligera faltándoles al respeto.

Encontrar el justo equilibrio y ponerse en el lugar de los demás son los patrones de conducta que siempre hemos de seguir. Tengamos presente que nuestra obligación moral es ayudar a los demás, pero también debemos saber cómo ayudarles más y mejor, no dándoles lo que ellos quieren sino lo que verdaderamente necesitan. Se ayuda mejor cuanto más se sabe y conoce, por tanto, es conveniente asimilar conocimientos espirituales y lo que los grandes avatares espirituales nos han infundido en sus enseñanzas sobre el comportamiento humano y moral.

La flexibilidad y el corazón también juegan un papel importante a la hora de ayudar al prójimo, porque hay que ser más tolerantes con ellos y más exigentes con nuestros propios errores.

En esta tarea no siempre acertaremos, porque podemos hacer mucho bien o mucho mal a los demás, y tenemos que tener un cuidado continuo con nuestro comportamiento, para que éste, se adecúe al mensaje de amor y fraternidad que debe prevalecer por encima de todo convencionalismo social o ideológico. Lo importante son las obras y la intención que ponemos a la hora de actuar.

La importancia de saber decir no por: F.M.B.

Publicado en Amor Paz y Caridad  en Julio de 1992.

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