Cuando nacemos estamos adentrándonos en un mundo por explorar y comenzamos a experimentar numerosos cambios, no sólo en el aspecto físico, sino también en nuestras actividades, relaciones, deseos, comportamientos, tendencias y un largo etcétera. Va cambiando nuestra percepción de los acontecimientos, la forma en que los vivimos y nuestras manifestaciones. Comienza un proceso evolutivo cuya finalidad es ir aprendiendo a vivir mejor.