Palabras de aliento

AYUDA ESPIRITUAL

En todo tiempo el hombre ha amado lo maravilloso. ¿Y qué es lo maravilloso? Lo que es sobrenatural. ¿Y qué es sobrenatural? Lo que es contrario a las leyes de la naturaleza.

Las leyes de la Naturaleza son leyes Divinas, y como no puede ser de otro modo, la inmensa mayoría de ellas nos son desconocidas y muchas otras se nos hace muy difícil comprenderlas. No obstante, a lo largo de la historia hemos visto y experimentado numerosas manifestaciones que se han considerado milagrosas.

Los milagros no existen: todo es consecuencia de una causa que provoca un efecto: Dios, causa primera de todas las cosas, cuya voluntad permite esas manifestaciones que han sido perfectamente demostradas y que son consecuencia de la existencia del alma o espíritu; su supervivencia después de la muerte física y su poder otorgado por Dios para obrar sobre la materia.

Quiero relatar una experiencia que viví en una época conflictiva y que conservo en mi memoria. Eran tiempos difíciles, especialmente para los que teníamos unas creencias ajenas a los postulados, digamos, oficiales. Esas creencias, sobre todo el espiritismo, eran perseguidas y castigadas; por ese motivo, nos era muy arduo poder celebrar reuniones que nos permitieran estudiar y profundizar es esta maravillosa filosofía. Sin embargo, aprovechábamos cualquier evento familiar, como cumpleaños, santos o comuniones de los niños, para juntarnos, no solamente para estudiar, sino para mantener comunicaciones con el mundo espiritual, que siempre se mostró dispuesto y atento a nuestras necesidades espirituales, un tanto maltrechas a causa de los acontecimientos vividos.

Cierto día se nos hizo tarde y, dado que la vigilancia en las calles era exhaustiva, a todos nos invadía el temor a ser abordados por la policía e interrogados, teniendo que dar cuenta de dónde veníamos y hacia dónde nos dirigíamos; era realmente comprometido.

Entonces ocurrió, un hermano espiritual se manifestó espontáneamente, y dulcemente nos dijo: -Queridos hermanos, id a vuestros hogares; salid a la calle sin temor; os aseguramos que no os van a ver.

No lo pensamos, salimos a la calle llenos de fe y confianza, y durante todo el trayecto pasamos por cuatro controles, en realidad parejas de policía que se situaban en cada manzana de casas. Como digo, anduvimos sin ningún temor y ni uno solo de aquellos policías dio muestras de haber advertido nuestra presencia; ni siquiera movieron un músculo. Cinco personas, tres compañeros, mi madre y yo, llegamos a casa sin ningún contratiempo.

Nada ni nadie podrá rebatir, aunque lo intente, aquella experiencia que viví y que más tarde pude comprender con el estudio de la doctrina; y ante aquella experiencia, pienso en lo que muy bien pudiera ser: ¿Acaso los espíritus, nuestros protectores, tendieron un velo invisible para nuestros ojos que nos ocultaba a los ojos de los demás? Sí, queridos amigos, nada es extraño ni sobrenatural. Como nos dice Erasto: “Los espíritus están en todas partes; son una de las fuerzas de la Naturaleza que obran en nuestro entorno, creando las condiciones para el cumplimiento de nuestros destinos”. Yo podría añadir que también para nuestras necesidades, siempre que sean de utilidad; nunca para nuestro capricho, curiosidad o vanidad.

Compartir esta experiencia con todos vosotros que me leéis, no tiene más objetivo que dar testimonio de cuán grande es la Misericordia Divina, que cuida de todos constantemente sin que lo apreciemos, y que a veces se hace ostensible en momentos muy especiales; siempre para nuestro aprendizaje y evolución espiritual.

Así, pues, por tantas y tantas muestras de Amor recibidas a lo largo de mi existencia, una vez más, ¡gracias, Señor!

 

Ayuda espiritual por:   Mª Luisa Escrich.

Guardamar, abril de 2018

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