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ÉTICA DE LA VIDA

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Ética de la vida

“Bioética y Aborto”

“La bioética descansa en los fundamentos de la ley moral. Aquellos que se basan en los juicios de la conducta ética y en la universalidad de la ley moral. De ahí que los principios de la bioética sean comunes a todas las culturas y sociedades”.

Dr. Francis Collins, director del Programa Genoma Humano

Bajo la denominación de “la ciencia de la supervivencia” fue acuñado en 1970 por el bioquímico Van Rensselaer lo que hoy entendemos como Bioética. Con ello pretendía armonizar las relaciones entre las ciencias biológicas y los valores humanos.

Con posterioridad, en el desarrollo e investigación de esta disciplina subyace el deseo y la intención de orientar sobre los problemas éticos, dilemas morales e implicaciones legales y sociales derivados de las ciencias relacionadas con la medicina, la biotecnología, la genética y algunas otras, todas ellas bajo un denominador común: la preservación de la vida y la toma de decisiones más adecuadas que prioricen la dignidad y el respeto sobre cada vida humana, en su origen, desarrollo o deterioro.

Los principios en los que se basa la bioética son varios, aunque los principales tienen que ver con “el derecho de la persona a decidir” por sí misma sobre los procesos médicos a los que se ve sometido. En segundo lugar, la obligación de “actuar siempre por parte de los profesionales en beneficio del paciente”. El tercero y más conocido de los principios es el de “no causar daño ni someter a la persona a riesgos innecesarios”. Y el último, ya de marcado carácter social, es el de “la distribución justa de los recursos sanitarios y tratamientos para todos por igual”. En un mundo imperfecto e injusto como el que vivimos, es difícil que estos principios puedan cumplirse en su totalidad.

Algunos se suelen cumplir en mayor medida, sobre todo en los países económicamente más avanzados donde los recursos de bienestar social llegan a la mayoría de las personas y se implementan políticas y protocolos de actuación sanitaria en teoría iguales para todos, pero en la práctica siempre existen diferencias. Y si bien se pide permiso para intervenir al paciente y se supone que los profesionales actúan siempre en beneficio del mismo procurando no causar daño innecesario, lo que casi nunca se cumple es la distribución justa de los recursos sanitarios que por lo general tiene que ver más con la posición socio-económica del afectado que con una distribución equitativa de los recursos disponibles para todos.

Establecer la importancia de la Bioética en el estudio, tratamiento y decisiones sobre las ciencias que tienen por objeto mantener y cuidar la vida es una labor ardua que se ve muchas veces amenazada por ideologías perversas que priorizan supuestos derechos o supuestas libertades personales para minimizar el derecho a la vida, siendo este último acompañado de su propia dignidad, el más importante de todos los derechos del ser humano.

La enorme confusión existente entre los intereses espurios de determinadas corrientes de pensamiento materialistas y ateas que no tienen en cuenta la dimensión trascendente del ser, y al margen de cuestiones religiosas, permiten colocar en el mismo ámbito supuestos derechos que nada tienen que ver el uno con el otro.

Veamos el ejemplo del aborto. Hay quien coloca el “derecho a decidir sobre su cuerpo” por encima del “derecho a la vida de otro ser humano”. Esto es legal en muchos países, lo que no quiere decir que sea legítimo desde el punto de vista bioético e incluso antiético e inmoral desde una perspectiva trascendente, filosófica y espiritual. Y si nos atenemos únicamente al conocimiento científico no existe posibilidad de refutación con lo que la biología, la genética y la embriología nos confirman: “la vida aparece en el momento de la concepción, cuando se fecunda el óvulo por un espermatozoide y comienza el proceso de desarrollo fetal”.

Vemos sin embargo con qué facilidad las sociedades modernas únicamente atienden a las solicitudes de los derechos individuales sin valorar en absoluto los derechos y las consecuencias éticas, sociales, morales, bioéticas o espirituales del nasciturus (no nacido), que desde el antiguo derecho romano ya era considerado como un ser vivo con su propia dignidad que merecía respeto.

Con este ejemplo observamos la importancia de la bioética en la preservación de la vida “no causar daño…”, afirma el tercero de sus principios. Ahora bien, hay quien coloca en el mismo plano el derecho de la persona a decidir sobre la vida del no nacido como si la vida fuera patrimonio y propiedad de quien alberga al niño en formación. Esto es el gran error y la gran confusión, la mayoría de veces interesada, para realizar este tipo de prácticas.

Desde un punto de vista trascendente y espiritual el dilema es muy sencillo. Decidir sobre la vida de otros no es un derecho exclusivo de nadie. Porque la vida la otorga Dios, ninguno de nosotros hemos sido capaces de existir por nosotros mismos. Nuestros padres han sido los instrumentos biológicos precisos para llegar aquí, pero ni siquiera ellos tienen la capacidad, el derecho ni la cualidad para implementar la vida.

Ella viene dada en su momento obedeciendo a leyes espirituales que nada tienen que ver con la biología, pues esta última, a pesar de ser necesaria para implementar la vida, es incapaz de proveerla, incluso cuando se produce una fecundación exitosa pero más adelante acontece una interrupción del embarazo involuntaria, acabando con esa posibilidad.

La distinción entre aborto involuntario y voluntario es pertinente. El primero puede obedecer a imprudencias, imprevisiones o causas kármicas de los padres o del alma que pretende reencarnar. El segundo siempre sería un atentado contra las leyes de la vida salvo en un único caso: cuando esté en peligro la vida de la madre a causa del embarazo o el parto. En esta circunstancia siempre hay que priorizar la vida del ser que ya existe, la madre, de aquella que está intentando abrirse camino.

El conocimiento que las leyes espirituales nos conceden respecto a los procesos de: pre-existencia del alma, planificación pre-encarnatoria, proceso reencarnatorio, sentido de la vida y trascendencia después de la muerte, completa el cuadro que la Bioética atisba únicamente circunscrito a las condiciones materiales y fisiológicas de los seres humanos en la vida física.

No nos cabe duda que, con los avances de la ciencia de vanguardia que ya están implementándose respecto a la conciencia y las evidencias de su supervivencia después de la muerte que abanderan la Ciencias Noéticas, el paisaje de la Bioética se ampliará hasta límites insospechados. Pero mucho antes habrá que desbrozar la confusión y el desequilibrio de la desinformación interesada que pretende situar en el mismo plano supuestos derechos de los cuerpos físicos e intereses materiales con los auténticos derechos a la vida y la dignidad humana en todos los hitos de su origen, formación y desarrollo.

Ética de la vida por: Redacción

2026 © Amor, Paz y Caridad

P: ¿En qué momento se une el alma al cuerpo?

R: La unión empieza en la concepción, pero no es completa hasta el momento del nacimiento.

Allán Kardec, L. E., ít. 344

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