“Un bebé es la opinión de Dios de que la vida debe continuar”.
Carl Sandburg
En el editorial del pasado mes de octubre abordábamos los principios de la Bioética en relación con la preservación de la vida y más concretamente relacionados con el aborto voluntario. Enfocábamos el análisis desde el riguroso axioma embriológico que nos confirma el “incio de la vida en el momento de la concepción”.
Bajo esta misma premisa abordamos hoy el tema de la reproducción asistida mediante algunos procesos que la técnica reproductiva actual ha conseguido y que consideramos extraordinarios. Pretendemos colocar nuestra atención en las consecuencias éticas y morales que las técnicas de inseminación artificial o de la fecundación in vitro tienen, partiendo de la base anterior sobre el hecho de que el inicio de la vida humana es incuestionable para la ciencia, la filosofía y la moral.
Sabemos que desde el momento de la concepción, el cuerpo intermediario entre el alma y la primera célula física (cigoto) llamado periespíritu se une a esta última, dando comienzo al proceso de desarrollo y modelaje del nuevo cuerpo físico.
“Desde la fertilización, el nuevo organismo dirige su propio desarrollo molecular con una sincronía matemática perfecta”.
El “modelo organizador biológico” (periespíritu) imprime en las matrices de los genes las características morfológicas que deberá tener el nuevo cuerpo (sexo, predisposición a enfermedades, defciencias de funcionamiento, disfunciones, desarmonías energéticas, etc.). Todo ello conforme a la planifcación que el espíritu realiza previa a la reencarnación, y que forma parte de los recursos o deficiencias con las que se deberá enfrentar en la nueva vida que comienza.
Sin duda ninguna, el mayor avance en medicina reproductiva se inició con la inseminación artificial. A través de ella muchas infertilidades en las parejas fueron solventadas y concedieron un horizonte de esperanza a aquellos que anhelaban ser padres, y por un motivo u otro no lo alcanzaban. La fecundación por inseminación ha proporcionado igualmente la oportunidad de ser madres a muchas mujeres que deseaban serlo, pero al no tener pareja quedaban imposibilitadas para ello.
Como en cualquiera de las técnicas de reproducción asistida que analicemos, la intención es fundamental. Cuando esta última es noble y sana, el problema ético apenas existe, pues a la luz de los conocimientos espirituales sabemos que ningún espíritu reencarna en la Tierra sin que sea autorizado por Dios. Por ello, si el niño no ha de venir, no vendrá, sean cuales sean las técnicas que utilicemos, o en el peor de los casos nacerá muerto, siendo en este último caso una prueba para los padres o para el propio espíritu que iba a reencarnar.
“P:¿Hay niños nacidos muertos que no estaban destinados a la encarnación de un espíritu? R: Sí, los hay que no tuvieron jamás asignado a su cuerpo un espíritu. Para ellos nada debía realizarse. En tal caso, sólo por una prueba para los padres llegó ese niño”.
Allán Kardec, ít. 356 Libro de los Espíritus
Estas informaciones desde el mundo espiritual confirman que el origen de la vida nunca está en manos de los hombres, por mucho que lo intenten, y solamente Dios es el que la otorga y por tanto el único que puede retirarla.
Siempre existe una planificación previa a la hora de encarnar y precisamente todos los avances de la medicina reproductiva son bienvenidos, pues es un éxito biológico, médico y espiritual, ofrecer nuevas oportunidades de ser padres a aquellos que lo desean fehacientemente y que tienen dificultades para engendrar, y al mismo tiempo conceder a nuevos espíritus una oportunidad de progreso en la Tierra mediante la experiencia de una nueva vida.
Veamos ahora una reflexión sobre otra de las técnicas de reproducción asistida más utilizada y que presenta algún dilema ético como controversia, la F.I.V. (Fecundación in Vitro). Los embriones, cuando son utilizados como células madre para la regeneración de determinadas prácticas médicas, supone la destrucción de los mismos.
Y aquí aparece el primer y grave problema ético. Si la vida comienza con la unión del óvulo y el espermatozoide en la fecundación, todo embrión es ya vida en desarrollo, y por tanto su destrucción atenta contra la ley moral más sagrada: la preservación de la vida humana.
Desde nuestro punto de vista existe una gran incertidumbre en la obtención de embriones en los procesos de Fertilización in Vitro (F.I.V.), pues desde el punto de vista ético-moral se trataría de permitir nuevas vidas; aunque también aquí la delgada línea del principio bioético de “no dañar” tiene un margen considerable de discusión. Si este procedimiento se realiza sin dañar otros embriones sería éticamente aceptable y extraordinario. No obstante, desde el momento en que la vida se abre paso a través de la fecundación, cualquier atentado posterior contra la vida de embriones que deban desecharse, congelarse o destruirse, podría ser reprobable moralmente ante la Ley de Dios.
“Cuando aparece un conflicto entre el mandato de curar y la obligación moral de no hacer daño, surgen decisiones difíciles… la batalla entre la concepción científica y espiritual del mundo debe ser resuelta, necesitamos que ambas voces estén en la mesa de debate sin gritarse entre sí”.
Dr. Francis Collins – Director del Proyecto Genoma Humano – Libro: ¿Cómo habla Dios?
Matizando las líneas morales de estas decisiones, observamos que no es lo mismo un aborto por cuestiones personales, egoístas o espurias, que la destrucción de embriones en la búsqueda de nuevas vidas que puedan venir a la Tierra.
En el caso que nos ocupa, se presenta el interrogante de la duda al respecto de la F.I.V. (Fecundación in Vitro). Esta técnica consiste en fecundar las dos células (óvulo y espermatozoide) fuera del útero materno para después realizar la implantación. Y para tener garantías de éxito, no se efectúa una sola fecundación sino varias, de forma que sean varios embriones los que puedan implantarse en distintas veces en el caso de que las pruebas fallen sucesivamente.
El gran dilema viene cuando la FIV tiene éxito. ¿Qué hacer entonces con los embriones excedentes? En muchos países quedan congelados durante varios años a la espera de que los padres puedan volver a usarlos en el caso de necesitarlos nuevamente. Y una vez llegado ese plazo son desechados. ¿Esto tiene una repercusión ético-moral? ¿Hay espíritus ya vinculados a esos embriones desde la fecundación? ¿Permanecen entonces vinculados a esa materia en congelación si no son usados? ¿Qué ocurre entonces? ¿Cómo debemos actuar? Difíciles preguntas que lógicamente tienen respuestas controvertidas.
Partiendo de la base ético-moral podemos aceptar que cualquier postura contra la destrucción de embriones se posicionará en contra de la FIV. Sin embargo, algunos investigadores, filósofos y moralistas argumentan que, a pesar de la eventual destrucción de embriones excedentes después de la FIV, el deseo de una pareja de tener hijos es “un bien moral tan fuerte que justifica el procedimiento”.
Además, conforme hemos visto más arriba en la frase de Kardec, no necesariamente todos los embriones llevan un espíritu asignado, con lo cual puede ocurrir que los embriones excedentes no tengan esa ligazón y por tanto no se trate de una interrupción de la vida.
Junto a esto, existe otra posible explicación que mitiga las consecuencias morales ante la ley espiritual por los embriones que pudieran ser desechados o destruidos posteriormente debido a este procedimiento. Veamos la siguiente pregunta y su respuesta:
Pregunta: “Cuando por la F.I.V. tenemos embriones congelados en fase de desarrollo, ¿tienen espíritus ligados a ellos esperando reencarnar?” Respuesta: “No necesariamente. En algunos casos, espíritus que se suicidaron en vidas anteriores permanecen ligados en semi-hibernación, esperando una oportunidad para la reencarnación. El tiempo que permanecen así es la expiación justa por el atentado contra la vida que realizaron”.
Además, el resultado de ese proceso, si es positivo y llegan a buen término conquistando el nacimiento a una nueva vida, les ayuda enormemente a su progreso. Y si por el contrario son desechados y se frustra la reencarnación, saldan la deuda y buscan nuevamente unos padres que les permitan, ahora sí, volver a reencarnar sin obstáculos. De una u otra forma es un recurso habilitado por la ley de causa y efecto que los coloca en situación de regeneración y progreso.
El conocimiento de la ley de la reencarnación nos confirma que ningún espíritu viene a la Tierra sin que Dios conceda su permiso. Por ello, cuando la FIV tiene éxito, es porque ese espíritu ha de reencarnar con un propósito determinado, y sus padres, que han buscado con ahínco la llegada del nuevo ser por todos los medios posibles, viven esa experiencia como una prueba espiritual aunque lo ignoren, pues no es casual que hayan tenido dificultades para concebir por medios naturales.
Aguardando que la medicina reproductiva alcance nuevos hitos de investigación donde no sea necesaria la destrucción ni la congelación de embriones, consideramos que los métodos reproductivos como la inseminación artificial y la F.I.V. son recursos favorables y extraordinarios dentro de la bioética y la moral para permitir nuevas oportunidades en la Tierra para el progreso y elevación del alma humana.
Bioética y reproducción asistida por: Redacción
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“P: Puesto que la unión del espíritu con el cuerpo se consuma definitivamente con el nacimiento, ¿podemos considerar al embrión poseyendo un alma? R: El espíritu que debe animarlo existe fuera de él. El embrión no tiene, hablando con propiedad, un alma, ya que la encarnación está en vías de operarse, pero sí se encuentra unido al alma que debe poseer”.
A. Kardec, L.E.






