Recordando el pasado

RECORDANDO EL PASADO

LUCHEMOS

A veces , parece que el peregrino de la Vida va a detenerse. El desmayo, el desaliento, se apoderan de él; son tantas las amarguras que la existencia le reserva, que cree que ya no puede sufrir más.

¿Quién de los humanos no ha pasado por esas horas terribles? Todo se nubla para el hombre; su corazón se
llena de angustiosas tinieblas, sus fuerzas se agotan. El cansancio le invade , va a caer, no puede más.

Hay que resistir a ese empuje que trata de de tenernos en la marcha ascensional de nuestro progreso. El ir hacia adelante , aunque sea a pasos lentos y contados, es la Vida para el espíritu; el desmayo y la detención son su lógica consecuencia , son la muerte del alma o equivalen a ella.

¿Quién fomenta en nosotros esas ideas nocivas de desaliento? ¿Es realmente la Vida con sus sinsabores y sufrimientos?

No, pues sabiendo que Dios existe, que el destino es siempre justo y bueno, que el Amor del Creador para nosotros es inagotable, que ese Amor es fuente de consuelo y de fuerzas para todos, deberíamos tener bastante confianza en el Padre para no desmayar nunca. El desmayo, el desaliento son pruebas demostrativas de nuestra falta de fe.

Esas ideas destructoras, porque lo son nos las sugieren desde el espacio los seres invisibles enemigos de nuestro adelanto, que se constituyen así en verdaderas rémoras de nuestra transformación moral y, por lo tanto, de nuestra felicidad.

Todo esto es exacto, y siendo así que nos conviene apartar de nuestro camino los obstáculos que se presenten, es preciso que, es estos casos, hagamos intervenir nuestra voluntad para no dejarnos caer en el abatimiento.

¡La Voluntad ! He ahí el remedio para todos estos males: LA VOLUNTAD, ilustrada por el estudio y sensibilizada por las buenas obras, tiene el poder de apartar todos los obstáculos que tratan de obstruir nuestra marcha.

Ahora bien , reconocemos que en la mayoría de los habitantes de la Tierra, como en nosotros, aún está casi en germen la admirable facultad de querer. Es necesario que pongamos todo nuestro afán en desarrollarla, porque sin ella es muy cierto que veremos detenido mil veces nuestro progreso.

Opongamos resueltamente a las ideas de desaliento que se nos sugieren desde el espacio, el conocimiento que tenemos de que Dios, es decir: el Poder, la Inteligencia y la Bondad infinitas, preside todas las manifestaciones de la Vida y que esas manifestaciones son siempre equitativas y necesarias . Así, venceremos el abatimiento cuando se presente .

Pero para esto es preciso desarrollar nuestra voluntad y este desarrollo sólo podremos adquirirlo en la lucha.

Luchemos, pues , sin abatirnos, hoy, mañana, siempre. Luchemos con el convencimiento de que estamos asistidos en nuestras luchas por los espíritus buenos que nos protegen, pues es tal su Amor para nosotros, sus deseos de vernos progresar, que no pierden ni una ocasión de demostrárnoslo así si nos ponemos en condiciones para ello.

En los momentos de desmayo, procuremos dirigir hacia arriba nuestras miradas, apartémonos de la Tierra, de sus trabajos , de sus miserias, de sus sinsabores; arriba están la calma y la serenidad que hemos de hacer nuestras para que de ellas broten la fuerza que necesitamos para vencer.

¡Arriba, pues, los corazones! ¡Oh, combativos de la Vida! La victoria será nuestra, no lo dudemos.

Para conseguirla, hay que luchar.

Luchemos, pues.

ANONIMO

Extraído de “La Luz del Porvenir”, número 85, publicado en Villena, con fecha 1 de Julio de 1910.

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