Recordando el pasado

RECORDANDO EL PASADO

EL POR QUÉ DE LA VIDA
Hemos dicho que a fin de conocer su porvenir, el hombre debía ante todo aprender a conocerse a si mismo. Para marchar con paso seguro, es menester saber donde se va. Conformando sus actos a las leyes superiores, es como el hombre podrá trabajar eficazmente para su mejoramiento y el del centro social. Lo importante es discernir estas leyes, determinar los deberes que nos imponen y prever las consecuencias de nuestras acciones.

El día que se compenetre de la grandeza de su destino, el ser humano sabrá desprenderse mejor de lo que le empequeñece y rebaja, sabrá gobernarse según la sabiduría y preparar con sus esfuerzos la unión fecunda de los hombres en una gran familia de hermanos.

Mas ¡cuán lejos estamos de semejante estado de cosas! Aun cuando la humanidad avanza lentamente por la vía del progreso puede, sin embargo, decirse que la mayoría de sus miembros marcha a través de la vida como en medio de una noche oscura, ignorándose el hombre a sí mismo y sin saber nada del verdadero fin de la existencia.

Espesas tinieblas velan la razón humana. Los rayos de la verdad llegan a ella pálidos, debilitados, impotentes para iluminar las sendas tortuosas por donde caminan innumerables legiones, y para hacer brillar ante sus ojos el fin lejano e ideal.

Ignorando sus destinos, fluctuando sin cesar entre la preocupación y el error, el hombre maldice a veces la vida, desfalleciendo bajo su carga; cree que sus semejantes son la causa de las pruebas que sufre, no teniendo muchas veces otro origen que su imprevisión.

Rebelándose contra Dios, a quien, en su locura y desesperación, acusa de injusticia, llega a veces hasta rehuir el combate saludable, la lucha que es lo único que puede fortificar su alma, iluminar su juicio y prepararle para trabajos de un orden más elevado.

¿Por qué sucede eso? ¿Por qué baja el hombre débil y desarmado al palenque donde sin tregua ni descanso se sostiene la eterna y gigantesca batalla? Es que este globo no es más que uno de los grados inferiores de la escala de los mundos. Casi todos los que residen en él no son más que espíritus niños, esto es, almas nacidas hace poco a la razón. La materia es la soberana de nuestro mundo. Nos doblega bajo su yugo, limita nuestras facultades, detiene nuestros impulsos hacia el bien y nuestras aspiraciones a lo ideal.

Así es que para discernir el por qué de la vida, para vislumbrar la ley suprema que rige las almas y los mundos, es menester saber librarse de esas pesadas influencias, desprenderse de las preocupaciones de orden material y de todas las cosas pasajeras y mudables que ocupan inútilmente nuestro espíritu oscureciendo nuestros juicios. Elevándonos algunas veces con el pensamiento más allá de los horizontes de la vida, haciendo abstracción del tiempo y de los lugares, cerniéndonos en cierto modo por encima de los detalles de la existencia es como divisaremos la verdad.

Por un esfuerzo de voluntad, abandonemos un instante la tierra, subamos a esas imponentes alturas. Desde su cima veremos desplegarse el panorama inmenso de las edades sin cuento y de los espacios sin límites. Así como el soldado perdido en la refriega no ve más que confusión en torno suyo, mientras que el general, cuya mirada abarca todas las peripecias de la batalla, calcula y prevee sus resultados: lo mismo que el viajero, extraviado en las revueltas del camino, puede al subir la montaña, verlas unirse en un plano grandioso, así el alma humana desde las alturas en que se cierne, lejos de los ruidos de la tierra, lejos de las oscuras hondonadas, descubre la armonía universal. Lo que desde abajo le parecía contradictorio, inexplicable, contemplado en conjunto, se ajusta y se une, todo se encadena. Ante el espíritu deslumbrado aparece el orden majestuoso que rige el curso de las existencias y la marcha de los universos.

Desde esas radiantes alturas, la vida ya no es a nuestros ojos, como a los de la multitud, la vana persecución de efímeras satisfacciones, sino un medio de perfeccionamiento intelectual, de elevación moral, una escuela donde se aprende la dulzura, la paciencia, el deber. Y para que esta vida sea eficaz, no puede ser única. Fuera de sus límites, antes del nacimiento y más allá de la muerte vemos una especie de penumbra, desenvolverse una multitud de existencias a través de las cuales y del precio del trabajo y del sufrimiento, hemos conquistado paso a paso y con gran dificultad el poco saber y las pocas cualidades que poseemos, por cuyo medio conquistaremos lo que mas nos falta: una razón perfecta, una ciencia sin vacíos, un amor infinito por todo cuanto vive.

La inmortalidad, semejante a una cadena sin fin, se desarrolla para cada uno de nosotros en la inmensidad de los tiempos.

Cada existencia es un eslabón que se une hacia atrás y hacia delante con un eslabón distinto, con una vida diferente pero solidaria de las demás. El porvenir es la consecuencia del pasado. De grado en grado el ser se eleva y engrandece. Artífice de sus propios destinos, el alma humana libre y responsable, elige su camino, y si ese camino es malo, las caídas que sufrirá, las piedras y las zarzas que la destrozarán, tendrán por efecto desarrollar su experiencia y fortificar su razón naciente.

Artículo extraído del libro “El por qué de la Vida” de Leon Denis.

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2 Comments

  1. 2 enero, 2010 at 17:23 —

    Fundadores revista amor, paz y caridad. Recibid fraternal saludo y felicitaciones por seguir en la actualidad tan lohable magnifica y excelente orientación espiritual.. Yo Francisco Javier Duque Aguirre identificado con c.c. 70,087.731 nacionalidad Colombiana disfrutaba mucho de la difunción de compartir las enseñanzas y orientaciones q poseen tan magnifica revista amor, paz y caridad la cual me enviaba aca a Colombia a mi nombre por motivos q no me explico desconosco el numero del correo en el cual me llegaban las revista hace aproximadamente 18 o 20 años.
    Agradezco si es posible volver a conectar para tener correspondencia ida y vuelta si es posible y q requisitos o diligencias me toca efectuar para volver a tener en mis manos y compartirla con los demas la revista amor, paz y caridad.

  2. 4 enero, 2010 at 14:28 —

    Hola amigo Francisco, muy agradecido por tus palabra, si deseas mantener correspondencia con nosotros puedes dirigirte a nuestro email [email protected] para poder comentar de una manera mas privada, espermos tus noticias.

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