Recordando el pasado

RECORDANDO EL PASADO

EN LA CONMEMORACION DEL
ADVENIMIENTO DEL ESPIRITISMO MODERNO (1)

Hace ahora tres cuartos de siglo, allá por el año 1.846, se advirtieron en HidesviIle, en la casa que ocupaba un tal Wekman, ciertos ruidos tan persistentes y molestos, que,no acertando a advertir éste la causa de ellos, optó por desalojar el inmueble para recobrar su tranquilidad. Seis meses después ocupó la casa desalojada la familia del metodista Fox, compuesta del
matrimonio y dos hijas, y no hacía todavía un trimestre que se habían instalado en la casa, cuando los fenómenos se reprodujeron. Cierta noche se le ocurrió a Katie Fox invitar al desconocido golpeador a que la imitase en el castañeo de !os dedos, y al instante fue atendida. -“Cuenta hasta cuatro, hasta seis, hasta doce castañeos”- propuso Katie; y el imitador misterioso no necesitó que se lo pidieran por segunda vez. Mrs. Fox preguntó entonces: “¿Quiere usted decirme la edad de mi hija Katie?” La respuesta fue inmediata y acorde. “¿Quiere usted decirme los hijos que tengo?” También la contestación fue instantánea y conforme, bien que incluyendo en el número un hijo que la madre no contaba por habérsele muerto. “¿Sois un espíritu? -¿Sois un espíritu a quien se ha hecho mal? -Si llamamos a los vecinos, ¿continuaréis respondiendo por golpes?” -continuó preguntando Mrs. Fox; y a todas estas preguntas recibió contestación afirmativa.

Tal fue el modesto, el modestísimo origen del Espiritismo moderno en los Estados Unidos; pero, como la semilla de mostaza del Evangelio, estaba henchido de energías en latencia, y ocho años más tarde incitaba a 1.500 ciudadanos a que pidieran al Congreso que nombrara una Comisión de personas competentes para estudiar los fenómenos. Hoy no son mil, ni mil millares de ciudadanos norteamericanos de ambos sexos los que aceptan el Espiritismo: son millones. Según recientes estadísticas, unos 16 millones.

La natural conmoción que en los Estados Unidos produjo la petición al Congreso y la encuesta subsiguiente, traspasó rápida el Atlántico, y en 1852-53 era ya moda en París Ia danza de las mesas. Esa danza interesó, entre otros varios, a un hombre de reconocida cultura, a León Hipólito Rivail Denizart, el “sentido común encarnado”, según juicio de Flammarion; y ese hombre, entregándose a ella en cuerpo y alma, no precisamente para revolotear entre los fenómenos como mariposa de flor en flor, sino para extraer de
ellos, como la abeja de las flores, el azucarado néctar capaz de ser convertido en riquísima miel, elaboró los siete panales que todavía nos nutren y deleitan y los entregó a la pública avidez, ansiosa de discernir concretamente entre !a verdad, la superstición y el fraude que le llegaba de la otra parte del Atlántico. El primer panal fue “El Libro de los Espíritus”, entregado en 1.851, y el último, “El Génesis, los Milagros y las Predicciones”,  en” 1.868.

Ni las crestas ni macizos de los Pirineos, ni las olas del mar latino, han sido insuperables obstáculos, desde hace más de dos siglos, para el intercambio de ideas entre nuestra nación y la República francesa, y ello justifica que casi a la par que en Francia se hacía danzar mesas, en España se creaban sociedades dedicadas al estudio del Espiritismo.

La primera de tales sociedades se fundó en Cádiz, en la cuna de las libertades patrias, el año 1.853. De ella salió el opúsculo “Luz y Verdad del Espiritualismo”, que mereció los honores de la excomunión mayor por parte del obispo de aquella diócesis,  y fueron quemados los ejemplares ante la puerta de su palacio (1.857). Luego se extendieron las sociedades, más o menos secretamente, por Sevilla, Soria, Andújar, Madrid, Barcelona, etc., etc.; y cuando triunfó la revolución septembrina pudo apreciarse los progresos  que la nueva idea había hecho, puesto que del 69 al 73, apenas había población importante sin su correspondiente sociedad.

Elemento valiosísimo para esta difusión, fue el Capitán de la marina mercante don Ramón Lagier, que así como sirvió de nexo a los prohombres de la política para que concertaran la revolución, así sirvió  a los idealistas para que conocieran las palpitaciones del neo-espiritua!ismo que aleteaban al Norte, al otro lado de la frontera pirenaica, trayendo de contrabando cuanto por allí se decía o se publicaba en letras de molde.

Pero los espiritistas españoles de aquella época no se contentaban con nutrirse de la savia ajena; querían producir, querían contrastar sus opiniones con las ajenas, y dos meses antes de que Kardec diera a luz su Libro de los Espíritus, se publicaba la Carta de un espiritista a don Francisco de P. Canalejas, atribuída a Alvarico Perón (D. E. Pastor y Bedoya), que es el primer tratado de Espiritismo filosófico que se conoce dado a luz en Europa. Luego fueron siguiendo la Noción del Espiritismo, de Huelbes Temprado, la Verdadera Doctrina, de Lucas Aldana, etc., etc.; culminando a todo ello, como es sabido, la proposición presentada a las Constituyentes, de que el Espiritismo fuera declarado asignatura oficial en los Institutos y Universidades.

Ni los fenómenos de HidesviIle fueron los primeros de que se tiene noticia, ni fue Allan Kardec el primero que trató de concordarlos y convertirlos en cuerpo doctrina, ni nuestros antecesores de Cádiz se llevan el diploma de la prioridad en materia de Asociaciones espíritas.

Se comprende. Si los Espíritus han existido siempre -desde que el mundo es mundo, y aun antes de que el mundo fuera-, ¿cómo concebir que hasta el 1.846 no hubiera ninguno a quien se le ocurriese ponerse en relación con los terrícolas, ni ningún terrícola que evocase a sus deudos desencarnados?

La historia nos dice todo lo contrario. Los pueblos primitivos, incluso los de civilización más rudimentaria, parece que tenían establecido el comercio con los invisibles como cosa normal y simplicísima; y si de estos pasamos a las civilizaciones asiáticas, americanas y europeas protohistóricas y prehistóricas, echaremos de ver que ese comercio constituía el nervio de su culto.

Claro está que cada pueblo dió forma a ese culto, según su saber y su sentir; de esto mismo nos quedan a todos reminiscencias más o menos marcadas; porque es de notar que en e! peregrinaje recorrido de nuestro eviterno ser, ninguno de nosotros ha dado un salto, ni ha pasado del hombre troglodita al hombre de los Boulevares de París. No, no. Todos nosotros, todos, hemos ido ascendiendo grado a grado por esa escala de Jacob del progreso indefinido, y, consiguientemente, figura en nuestra hoja de servicios todo lo que figura en la historia de este planeta, y quién sabe de cuántos y de cuáles otros.

Así se explica bien que digamos “Espiritismo Moderno” para referirnos a un período determinado en la evolución de esta doctrina. En su comprensión por el hombre, debiéramos decir; en la cultura o progreso del elemento que la mantiene, el cual progreso ha estado y estará siempre sujeto a circunstancias de tiempo y lugar.

(Continuará)

Artículo extraído de “La Luz del Porvenir”, editada en Barcelona (Año XI, 2ª época), núm. 142 de
Octubre de 1.924, escrito por QUINTIN LOPEZ.


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