Congreso Nacional de Espiritismo 1981

CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO

¿POR QUE ESTA DESACREDITADO EL ESPIRITISMO EN ESPAÑA?
(2ª PARTE)
FANATISMO
¡Cuántas personas aceptan ciegamente todo lo que se dice por la boca de un médium!
He aquí otro de los aspectos que desacreditan al espiritis­mo.
Con una doctrina que nos enseña a razonar y a analizar con sano

juicio, pasamos por ser las criaturas más crédulas, fantasio­sas y pueriles.

¿Por qué se nos condiciona- a creer ciegamente? Porque si ponemos en tela de juicio aquello que se nos indica, sería tanto como menospreciar o desconfiar de la valía del médium, situación que en muchos casos él mismo no permite, por lo que se suscitan dos alternativas: creer ciegamente o salir del grupo. Ante este planteamiento una persona razonable y que desea progresar, pero que necesita y exige el análisis, se aparta del espiritismo al limitarle su campo de acción.
También se nos considera fanáticos por la cantidad de ceremonial, ornamentación y reliquias, que con cierta frecuen­cia utilizan algunos.
Observándonos la sociedad en esas tendencias, piensan que nos hemos limitado a cambiar de religión, por lo que bien están con la suya. Difícilmente podremos hacer creer que nuestra doctrina está liberada de ritos y formas, viéndonos en seme­jantes manifestaciones y actitudes.
Podremos actuar así si nos parece oportuno, pero es nece­sario destacar que, ese comportamiento está motivado por nues­tras reminiscencias de otras existencias o por tendencias aún no olvidadas, pero nunca decir o creer que forman parte del conte­nido espirita.
¡Esta doctrina viene precisamente a prepararnos el camino de esa liberación de cultos y ofrendas materiales!
SESIONES MEDIUMNICAS

¡Qué alto significado y trascendencia encierra una reunión espírita y en qué se la tiene convertida!
¡Donde se debe de ir a recibir consejos que nos ayuden a superar nuestras imperfecciones, se va por la simple curiosidad de quién se comunica!
¡Donde se debe de ir a ofrecer caridad, se va a recibir aga­sajos y elogios por nuestra labor!
¡A cuántas personas de las que acuden a una sesión mediúm­nica, sólo les ilusiona el hablar con sus familiares y amigos o aquello que se les pueda decir, sin más determinación de cam­bio espiritual en su vida!
En cuántas reuniones mediúmnicas se citan nombres de altas jerarquías espirituales, algunas que nos visitan con exce­siva frecuencia, ufanándonos de esos comunicados y de ese interés que demuestran por nosotros, cuando nuestro compor­tamiento social y línea moral, dista mucho de ser la imagen de tan altos mensajeros!
¡Cuántas reuniones dedicadas a solucionar problemas ma­teriales y curiosidades, estando muy bien pagados esos consejos!
¿Con estas excentricidades que son del dominio público, queremos conseguir auténticos seguidores del espiritismo?
Hay un tanto por ciento muy elevado de personas que juzgan al espiritismo, equivocadamente, por todas estas manifes­taciones. Es hora por tanto de decir que tales sesiones mediúm­nicas se apartan de la auténtica intencionalidad de un trabajo espírita. Por tanto, ni eso es espiritismo ni las personas que así practican son espiritas.
Una sesión espírita está repleta de contenido moral. Se ejercita la caridad mediante la clarificación de hermanos desen­carnados; se nos ilustra y aconseja mediante las comunicaciones mediúmnicas, para que apreciemos los objetivos de nuestra existencia y luchemos por la conquista de las virtudes morales que nos engrandezcan espiritualmente.
¡Estas son las dos piedras angulares de una reunión espíri­ta: CARIDAD Y PROGRESO!

SANACIONES
Muy pocas personas en España conocen o han leído la doctrina espírita, pero en cambio es difícil encontrar una que no haya oído hablar de “curanderos”, asociándolos rápidamente con el espiritismo.
Por esta circunstancia, la imagen que ofrecen los “curan­deros a la sociedad, influencia de forma sustancial la idea que del espiritismo tiene la gente. Esta es una de las razones por las que interesa dejar claramente especificado, cuál es la misión del sanador, contemplada desde el punto de vista espiritual.
El aspecto de las sanciones conlleva suma responsabilidad para sus practicantes, pues siendo una manifestación espiritual, mucho dependerá del ejemplo y desinterés que se aprecie en el que la practica, para que sea aceptada o no esta verdad.
La doctrina espírita nos enseña que en las sanaciones exis­te un trabajo espiritual conjunto a realizar, entre el “sanador- y determinada entidad o entidades espirituales. Esta es una de las manifestaciones que desde el plano espiritual se nos ofrece para cumplir tres cometidos:
1.—Enseñar el mensaje trascendente de un “más allá” real y en constante comunicación con este plano.
2.—Efectuar la caridad como rescate kármico de nuestros errores del pasado.
3.—Ofrecer el conocimiento de unas leyes y energías que están a nuestro alcance y que nos acercarán a nuevos conceptos de Verdad.

¡Cuánto beneficio físico y espiritual se puede conseguir a través de las sanaciones y cuánto más, si estuviéramos compren­didos en la doctrina!
Mediante esta concesión de “Lo Alto”, se nos faculta para el ejercicio de una práctica caritativa de consuelo y ayuda al necesitado y para despertar unas inquietudes espirituales.
Este poder- que se nos concede, lo recibimos de “gracia” entonces, ¿cómo tenemos que ejercitarlo? ¡LO QUE DE GRA­CIA SE RECIBE, DE GRACIA SE DEBE DE OFRECER! ¡LA VERDAD NO SE VENDE, SE DA!
Hay un hecho lamentable, pero evidente, dentro de las sanaciones, cual es el de “comercializar” su práctica. En unas ocasiones se cobra descaradamente y en otras, se intenta disi­mularlo mediante la aceptación de una “voluntad”.
¿Qué mensaje se puede ofrecer mediante este tipo de prác­ticas?
¿Quién nos puede creer cuando expliquemos lo transitorio de la vida física y hablemos de la grandiosidad de la vida espiri­tual, si por otra parte nos aferramos a los bienes materiales y montamos un “negocio” con los dones” que la Providencia nos facilita para ejercitar la caridad?
En el ejercicio de las sanaciones no se nos obliga a utilizar más o menos de nuestro tiempo, sino aquél sobrante de nuestras actividades cotidianas. Debemos de trabajar según nuestra vo­luntad y nuestras fuerzas, pero siempre con humildad y sencillez, practicando la caridad desinteresadamente.

La doctrina espirita está basada principalmente en la prác­tica de la caridad y el amor altruista. Por lo tanto y en base a estas premisas, se pueden diferenciar claramente a las personas con estas facultades en dos aspectos: SANADORES Y SANADORES ESPIRITAS.
CONCLUSION

Después de esta breve exposición de algunos de los aspec­tos por donde se tiene conceptuado al espiritismo en España, vamos a expresar nuestra opinión respecto a por qué se produ­cen estas circunstancias y cuál es la manera efectiva y práctica de solucionarlas.
El espiritismo es una doctrina donde se conjugan tres as­pectos: ciencia, filosofía y moral. Los tres van fuertemente uni­dos pues, el hombre de hoy necesita comprobar para verificar la realidad de un hecho; precisa razonar para aceptar la existen­cia de unas leyes justas; le es imprescindible una conducta moral que le convenza.

Los errores que cometemos los espiritistas están basados en nuestra falta de acoplamiento a la línea moral que la doctri­na contiene. La Moral es el armazón básico sin el cual no tiene sentido el espiritismo; pero, por desgracia solemos olvidarla, dándole más importancia a conocimientos que creemos más profundos y descuidamos la puesta en práctica de los preceptos morales.

Alardeamos de aceptar el fenómeno mediúmnico; nos va­nagloriamos de explicar unas leyes cósmicas; pero, muy rara­mente decimos que vamos tras la conquista de dominar nues­tras imperfecciones. ¡Este es el error en el que incurrimos los espíritas; nos olvidamos de encontrar nuestros defectos; nos ol­vidamos de ser mejores cada día; de dar sin pedir; de soportar sin quejarnos!

Si los componentes de cualquier ideología actuaran en base a la renuncia, caridad, humildad y otras virtudes, difícilmente serían criticados. Se aceptaría o no su doctrina; se tomaría como ideal o no, pero nunca se la podría censurar ni menospre­ciar, sino que se tendría un gran respeto por esas personas y lo que su doctrina representa para ellas.
¡Uno de los motivos que han contribuido a que el espiri­tismo esté mal considerado, es que los espiritistas no hemos dado el suficiente ejemplo moral en nuestro diario vivir!
¡Por el fruto conoceréis el árbol!, decía el Maestro. Presu­mimos de que el espiritismo es la tercera revelación y de que so­mos sus impulsores y nos olvidamos de cuidar el fruto que debe de señalar el árbol que lo produce: LA MORAL.

No se puede ni se debe de enseñar una doctrina que no esté basada en el amor. Pero ¿qué es el amor? Amor es equili­brio y prudencia ante los problemas de la vida; amor, es caridad bien entendida; amor, es expresar mediante nuestras obras la existencia de unas leyes justas para todos; amor, es alegría de vivir para progresar mediante la ayuda al prójimo.
Este es el trabajo que tenemos encomendado los espiri­tistas en esta nueva hora de actuación: predicar mediante el ejemplo, enseñar mediante la comprensión y el respeto mutuo y convencer mediante la armonía de nuestro diario vivir.
¡Esta es la tarea que tenemos comprometida y que debe­mos esforzarnos en realizar!


A.S.L.

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