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8 POESÍAS PARA UN PADRENUESTRO

PADRE NUESTRO, QUE ESTÁS EN LOS CIELOS.

¿Dónde habitas, Padre Nuestro?

¿Dónde se encuentra Tu casa?

¿Dónde tu Ser se acompasa

con el Universo Vuestro?

Pues ya lo dijo el Maestro

en sus charlas inspiradas:

Existen muchas moradas

en la Casa Celestial,

y Él vive en la terrenal

y en galaxias ignoradas.

 

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE.

En este enclave atrasado

que la Tierra es para el hombre,

el santificar Tu nombre

se me antoja complicado.

¿Cómo un humano azorado

puede ofrecer devoción

a esa santificación?

Quizá, Dios benevolente,

te parezca suficiente

una sencilla oración.

 

VENGA A NOSOTROS TU REINO.

Envíanos ya, Señor,

Tu Reino de excelso aspecto

a nuestro mundo imperfecto

necesitado de amor.

Mas pensemos, por favor,

si salir de los abismos

precisa de catecismos,

o Tu Reino prometido

siempre habrá estado sumido

dentro de nosotros mismos.

 

HÁGASE TU VOLUNTAD, ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO.

Hágase Tu voluntad

en la Tierra y en el Cielo;

porque Tu bendito anhelo

es nuestra felicidad.

Incuestionable verdad

que, a limpiar nuestra conciencia

conviene la penitencia,

y cumplir con Tus preceptos

como contritos adeptos

en resignada obediencia.

 

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA, DÁNOSLE HOY.

Danos, Padre, el nutrimento

que precisamos tomar;

dos panes nos has de dar:

el pan para el crecimiento

y el pan del conocimiento.

Son dos los divinos panes

que, a los humanos truhanes

nos brindas, Supremo Juez,

para aprender de una vez

a no cometer desmanes.

 

PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS,

ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES.

Hemos venido encarnados

a los terrenales feudos

porque somos tristes deudos

de nuestros actos pasados.

Les he pedido a los Hados

me inspiren cómo ganar

el perdón; y al implorar

los Hados me hicieron ver

que, quien lo quiera obtener,

primero ha de perdonar.

 

Y NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN, MÁS LÍBRANOS DEL MAL.

No permitas que el humano

caiga en tentación tan ruin

como aquella de Caín

de asesinar a su hermano.

Tiéndenos Tu Santa Mano;

sé de nosotros el báculo

para salvar el obstáculo

que impide, al hacer el mal,

del  celestial

ver su grandioso espectáculo.

 

AMÉN.

Después de hacer un pedido

“amén” solemos decir,

pues queremos conseguir

que nos sea concedido.

Este “amén”, que va seguido

a aquello que se desea,

viene de la lengua hebrea,

y quiere significar

que lo que haya de pasar,

pues que pase; que así sea.

 

8 poesías y un padrenuestro por: Jesús Fernández Escrich

 

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